A PIE DE CALLE

«Estos proyectos van saliendo con mucho amor y pasión por lo que haces»

Gigi Artista

Silvia González 20/8/2008

Gigi es el nombre artístico de Luis Alberto García. A lo largo de su carrera profesional ha ido cultivando diferentes facetas. En sus inicios trabajó como decorador pero sus ganas de superación lo han llevado por diversos caminos.

-¿Qué ha estudiado?

-Terminé estudiando decoración. Después seguí mi formación haciendo lo que yo quería realmente: música, canto y danza.

-¿En qué lugares ha trabajado?

-He sido bailarín clásico. Estuve en la Compañía Clásica y en el Ballet de Madrid. He sido bailarín de programas de televisión y también he trabajado como modelo de publicidad.

-¿Qué le ha traído a Pontevedra?

-He venido a asistir al curso de cerámica internacional. Además estoy empadronado en Covelo y he estado organizando allí el segundo Festival Artealdea. El objetivo es llevar todas las artes escénicas a las aldeas.

-¿Cómo ha conseguido sacar un proyecto así adelante?

-Estos proyectos van saliendo con mucho amor y pasión por lo que haces: primero por el arte y luego por las gentes, que sois todos vosotros.

ENTREVISTA A GIGI

Artealdea


Algo más que un festival de artes escénicas y tradición popular, me dice el colibrí que revolotea entre las flores. Entre amigos y artistas varios aparecen los espectros de los días felices. Nueve días que saben a poco, a mucho.

Entre los calores del día, el frescor de la noche y los vientos de agosto, corren como el agua de los arroyos que cae a la umbrosidad de los bosques, bandas de gaitas, payasos, poetas soltando su carga afectiva vinculada a la palabra, danza, el tecnochotis de Rodrigo Cuevas, que loco nos volvió con el monstruo informe que ya es fiebre de carnal deseo, Cuentacuentos, pianistas, orquesta de Rivadabia, tangos, historias erótico festivas, coros populares y churrasco de comida fraternal.




Todo se despliega en días que se abren y se cierran con la frescura de lo espontáneo organizado. Todo terminó con el conjuro evocativo a la tierra celta y la pócima mágica de la queimada, bebida y bailada entre amigos.


De vuelta a casa ya estoy pensando la pregunta que haré a quien me interrogue:

– ¿Dónde has estado?

-¿¡ Y a Artealdea no has ido nunca!?- responderé.

Pero quizá sea una pregunta incompatible con el espíritu del festival. El lugar donde se realiza, Piñeiro de Areas, es una aldea de quince habitantes y casas de piedra situadas en la ladera de un monte. Hasta hace poco conservaba sus callejuelas empedradas, hoy la tosca pavimentación cubre pasos de siglos, pasos que abrillantaban a las piedras en un remedo de estrellas caídas y pétreas, en un paraje del Consello de Covelo.


Y es que “Las vidas son como los caminos rurales, una vez que se asfaltan es difícil que vuelvan a oler a melancolía”.

Sí, no es lugar para eventos ensuciadores y etílicos, ni para rutas del bacalao ¡Aturde la confusa gritería que se levanta entre la turba inmensa! Que es sitio de colaborar y compartir afectos escondidos entre armaduras orgánicas que nos defienden de la batalla de la vida y el ritmo urbanita. También, como no, se reproducen los defectos que arrastramos, nuestras perezas y omisiones en las labores de colaboración. Y es que no hay paraísos, pero sí oasis donde brilla lo bueno que portamos.




El espacio estuvo ocupado de luz, aunque otros años la niebla y la lluvia lo visita. Artealdea crea un tiempo, nos lo da como una ocasión fuera de lugar, pero muy palpable y tocable, donde nos divertimos y trabajamos, donde se anda –inolvidables excursiones y correrías de recreo y ejercicio por los alrededores-, donde se limpia la mirada, y otras cosas, en las pozas de los riachuelos, se abre la puerta de la imaginación para realizar lo pensado Para llenar el mundo basta a veces un pensamiento.


De esta manera lo hace Luis Alberto García Tejedor, insólito director del Festival, que un día decidió subir a las alturas de Piñeiro con su carga de artista a las espaldas. De su mochila sacó un festival que ya va para diez años, producido de modo cabal y caótico pero siempre, siempre, con el deleite infundido de los que persiguen algún ideal.

Así pasé estos días, instintivamente asimilando cuanto había en lo exterior e interesado de modo excepcional en los claroscuros de luz y cuerpos, metáforas de ángeles y gusanos, en las pestañas de hojas pintadas de verde intenso abriendo y cerrando esclarecimientos de personas, imágenes y sonidos.

En fin, un despliegue de artistas en las alturas de la braña y las bellotas de los robles.

 

Luis Alberto García Tejedor. Artealdea, escenario de las artes en una aldea perdida de la Galicia profunda.


Luis Alberto García Tejedor es un bilbaíno que desde niño ha estado vinculado a las artes, pintura, cerámica, ballet y teatro. Ha realizado múltiples giras y galas, algunas de ellas lo llevaron a Galicia. Trabajó en una fabrica de porcelana en Lugo. Sus amistades le fueron enseñando las gentes y paisajes y se fue enamorando de esta tierra.

Compró una casa en ruinas en una aldea en la sierra del Suido en Pontevedra y cuando la reformó se el ocurrió la genial idea de organizar Artealdea, el festival de artes escénicas y tradiciones populares. Durante 9 días de agosto, artistas y público comparten en la punta del monte arte en estado puro.

 

Luis Alberto García Tejedor nació en Bilbao. Estuvo en la Sociedad Coral de Bilbao y recibió clases de pintura y cerámica. Durante siete años fue miembro del Euskadiko Baleta, en donde era conocido como “Gigi Tejedor”. Cuando desapareció esta agrupación se fue a Madrid en donde hizo figuración, moda, publicidad y formó parte del grupo de baile de Norman Duval. Con ella hizo televisión, teatro y galas. Estuvo 12 años en el Teatro Real de Madrid como bailarín y actor escénico.


Hacían galas en verano en la televisión gallega. Una primavera hizo la mitad del Camino de Santiago. Durante un mes trabajó en la fabrica de porcelanas de Sargadelos (Lugo). Hizo amistad con Xela, que todos los veranos le invitaba 15 días para mostrarle Galicia. De esta manera, Luis Alberto se fue enamorando de su cultura y gentes.

Durante un tiempo buscó por el Estado español un lugar en donde instalarse. Finalmente,  compró una casa en ruinas en Piñeiro de Areas (Municipio de Covelo, Pontevedra) en la Galicia profunda.


El edificio no tenía ni suelo ni tejado, solo cuatro paredes, hueco con un  árbol dentro. Adquirió material de construcción y un frigorífico. Dormía al raso y solo. Los vecinos al principio desconfiaban de su presencia.

Comenzó a desescombrar y un día cayó una tromba de agua por lo que pidió permiso para cobijarse en otra casa abandonada.


En 2006 finalizó la reforma y pensó: ¿ahora qué hago?. Se le ocurrió organizar un festival en el que se reunieran sus amigos provenientes de diferentes disciplinas artísticas. Así surgió Artealdea. La primera edición se desarrolló en 2007 durante 6 días de agosto. Al año siguiente fueron 8 días y los siguientes, hasta la actualidad, son nueve jornadas que se desarrollan entre el primer y segundo fin de semana de agosto.


Artealdea Festival de Artes Escénicas y Tradición Popular quiere recuperar danzas y antiguas canciones gallegas por lo que arranca y termina con folklore popular gallego. Además, se ponen en práctica variadas disciplinas entre ellas, conciertos de txalaparta. A menudo se pone de relevancia la auténtica magia celta con toda la aldea participando de los eventos.

Es un festival totalmente altruista en el que el espectador da la voluntad. Para llegar hasta Artealdea hay que caminar por el monte. Hay electricidad pero no agua corriente.

Está en plena naturaleza, rodeado de plantas medicinales. Es un paisaje cuidado por los habitantes de la aldea que se dedican al campo como lo hicieron sus antepasados, una tradición que se ha perdido en parte de la cornisa cantábrica.


Luis Alberto García Tejedor nos comenta: “El espíritu del festival fluye solo. Hay que ir con la mente muy abierta, de artista”.

Nos visitó en el programa de Radio Euskadi “La Casa de la Palabra” el 8 de octubre de 2012.


www.artealdea.com

ARTEALDEA


Agosto es un mes complicado para nosotras. Bonito e intenso, pero complicado. Con las fiestas de nuestra ciudad (sí, ya un poquito mía también), llega la Hafla, el curso, la gala Tribal, etc. Y siempre surge algún otro evento a mayores. Para actuar hay que ensayar (tanto ensayar para luego improvisar, que nos dijeron el otro día), vernos, quedar, elegir canciones, bailar mucho juntas, pulir pasos… ¡Nos faltan horas!


Pues este año, además de todo lo anterior, nos liamos la manta a la cabeza y nos fuimos a Artealdea, una locura maravillosa ideada y llevada a cabo durante ocho ediciones por Gigi y un puñado de valientes que donan su tiempo y su talento por amor al arte, nunca mejor dicho.


Así que un sábado a las 4 de la tarde, cuatro mandalas nos subimos al coche y pusimos rumbo a Piñeiro de Areas, en el corazón de Pontevedra. El viaje es largo y el último tramo, ejem… sinuoso. En cada curva comprobábamos si teníamos o no cobertura (ahora sí!! no!! sí!!!) y nos desesperábamos al ver que el pueblo no acababa de aparecer. Finalmente, preguntando, escrutando cada casa y cada puente que cruzábamos, llegamos al Oasis de los Sueños.




En un momento nos improvisaron un camerino al aire libre, en la parte de atrás del escenario. Mientras nos arreglábamos, los niños se lanzaron sobre nuestros sables, absolutamente hipnotizados. ¿Son de verdad? ¿Cortan? ¿Pesan? No nene, no cortan, pero como se te caiga en un pie, te lo arregla…




Tuvimos la suerte de poder ver la parte del espectáculo que nos precedía, y fue una maravilla disfrutarlo. Tanta danza, tanto arte, tan de cerca. Un lujazo.

Nos sentíamos tan agusto y tan en casa, que decidimos salir tan frescas desde las gradas, colocar los sables y ponernos a bailar… Antes Chayo, muy emocionada y haciéndonos vibrar a todos, explicó al público lo que era la Danza Tribal Estilo Americano, ATS®. Lo que significaba para nosotras, en qué consistía la improvisación, el vínculo que nos une cuando bailamos, juntas o con cualquier otra mujer del planeta. Hicimos el saludo tribal y empezamos a bailar. Veíamos perfectamente las caras de la gente, sorprendidos, fascinados, rebosando felicidad. Fue muy especial. Creo que nunca habíamos bailado para un público que conectara tanto con nosotras, sentíamos la energía fluir en las dos direcciones y envolvernos a todos.



                                                                              (Foto de Camilo Sotelo)


El escenario era, como se puede ver, peculiar. Que tenía un árbol en medio, vaya. Porque Gigi lo monta en el patio de su casa, libra el árbol, coloca un graderío para los asientos y conecta la luz y el sonido a su propia línea. Así que, con algún enganchón de sable entre las ramas del árbol, confesado luego porque ni nosotras nos dimos cuenta, y un faldeo un poco reprimido (no cabíamos con las faldas completamente estiradas), invitamos a la gente a bailar. Niños y mujeres de todas las edades subieron y se divirtieron como verdaderos tribaleros.

 

Es sorprendente lo que hacen, durante diez días, en esa aldea escondida. Cuentacuentos, músicos, poetas, bailarines y magos pasan por su escenario, se cobijan en el comedor si llueve, algunos se quedan varios días, acampados o acogidos en sus propias casas, participando de las comidas comunitarias, disfrutando de la leche auténtica de vaca por las mañanas, las empanadas del zamburiñas y del amor que ponen en todo lo que te ofrecen y comparten contigo. No podemos sino estar infinitamente agradecidas por haber formado parte de su gran familia durante unas horas.


Gracias y más gracias… A Gigi por hacerlo posible con tanto esfuerzo y a todos los que generosamente colaboran en Artealdea, especialmente a Fina y a Santos, a Bianca, a los niños que nos hicieron pasar las mejores risas de la noche (y también sesudas reflexiones), y a la simpática vecina gracias a la cual tuvimos cama, mantitas y baño con agua caliente :-)

 

O SON DO PIÑEIRO